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Casting para Carlos de Alençon

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Casting para Carlos de Alençon

Mensaje por Carlos De Alençon el Vie Nov 20, 2015 1:11 am

Semanas atrás, el Carlos de Alençon recibió órdenes directas del Cardenal, de mantener vigilados a los mosqueteros, para estar al tanto de sus movimientos.  Ya que a pesar de la aparente paz y magnificencia que la era de Versalles aparentaba, los diferentes bandos... ocultos a los ojos del resto de la población siempre estaban ocupados. Tanto la guardia roja como los famosos mosqueteros no descansaban cuando terminaba el día, ya que al ocultarse el sol, la actividad nocturna solía aumentar por todo Versalles. Pero para el Conde de Rochefort, la agenda era un poco diferente al resto de la Guardia Roja, ya que el puesto de Capitán, no solo se trataba de un nombre... se trataba de una responsabilidad mayor tanto con sus hombres como el trato hacia el Cardenal. Durante las últimas tres semanas, delegó más responsabilidades de lo habitual a sus soldados, ya que él requería más tiempo para poder cumplir con el encargo del Cardenal, tanto de día como de noche, por lo que valiéndose de su velocidad y sus habilidades, se dio a la tarea de seguir de cerca a los mosqueteros sin ser detectado, ya que utilizaba incluso humanos para camuflarse.
 
Sin embargo, hubo un detalle que pasó desapercibido, la última semana enfocó todas sus energías en su tarea, por lo que olvidó alimentarse las últimas noches, y a pesar de su fuerza de voluntad, su instinto vampírico terminó por vencerlo horas antes de su cita con el Cardenal; La sed de sangre era lo peor que había para un vampiro, ya que a pesar de sentir cansancio y debilidad... la necesidad de esa sustancia era como una droga, que obligaba a ignorar la mayoría de las situaciones con tal de conseguirla. Salió afueras de la capital, llegando a uno de los barrios más pobres de Francia *Los jardines... correcto* No estaba pensando claro, intentaba recordar su cita con e cardenal mientras caminaba por un callejón mirando su reloj de bolsillo, *será rápido...* se dijo a sí mismo, sin embargo encontraba difícil concentrarse con el hambre que sentía, traía una mirada vaga y con ojeras, por lo que le daba una apariencia siniestra y después de rondar la zona por casi una hora encontró lo que buscaba... en un callejón oculto a la vista, un hombre mayor y claramente indigente estaba sentado cubriéndose del aire fresco con unos harapos viejos . Por lo que decidió que sería mejor hacerlo parecer como un asesinato común y corriente, así que al asegurarse de que no había señales de vida en los alrededores, Carlos desenvainó su espada y recorrió el callejón a una velocidad sobrehumana, aterrizando justo detrás del anciano y atravesándolo con su espada de una manera tan rápida que no le dejó tiempo de gritar, con su otra mano sostuvo el cuerpo del hombre tomándolo fuertemente por la garganta para asegurarse de que había dejado de respirar, así que finalmente dejándolo caer de espaldas, guardo su espada y comenzó a beber de la herida cuidando el no dejar ninguna marca. 
 
Era tanta su sed, que lo que pensó serian minutos, se aplazó casi una hora, ya que estaba recuperando fuerza poco a poco, se detuvo cuando reacciono que ya era tarde, sacó su reloj de bolsillo nuevamente para darse cuenta que ya había pasado la hora, por lo que limpiándose cuidadosamente los rastros de sangre de sus labios, dejo al cadáver tirado en aquel callejón y se dirigió de vuelta a Versalles. *Maldita sea... el Cardenal Richelieu no estará contento* Sentía un gran respeto y devoción por Richelieu por lo que detestaba profundamente fallarle, sin embargo su instinto lo había traicionado aquel día, y sabía que una de las cosas que más detestaba el cardenal era la impuntualidad. Por suerte, llevaba información importante, y quizás... solamente entonces quizás... lo encontraría de buen humor.
 
Cuando finalmente llego a los jardines, Carlos alcanzó a divisar la figura de Richelieu a lo lejos, y por su postura, parecía molesto. Sus pasos revelaron su llegada, conforme pisaba el pequeño camino de rocas que llegaban a donde se encontraba el Cardenal, por lo que cuando finalmente llego sin necesidad de presentarse escucho la fría voz de Richelieu quien aún se encontraba de espaldas y con las manos cruzadas atrás: - Más vale que tengas una buena explicación… ya han pasado dos horas. Por qué me has hecho perder mi tiempo? – Por lo que haciendo una reverencia comentó en un tono seco: - Debo disculparme Cardenal, no estaba en mis planes y le aseguro que no volverá a suceder... - Carlos se aclaró la garganta continuó: - Pero, tuve que hacer una parada inesperada y fue un poco más tardado de lo previsto. - Richelieu se giro para mirarlo a los ojos, dándole a entender que fuera al grano - Sin embargo he traído lo que me pidió - comentó en un tono seguro - Esos mosqueteros no harán movimientos sin que estemos enterados - Sacó un pergamino de su gabardina, que contenía un informe de las ultimas semanas y se lo entregó al Cardenal, agregando mientras se disponía a explicarle los detalles: - Lo siguiente es esperar sus ordenes Cardenal. - 
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Carlos De Alençon
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